Del cafeto a la taza: cómo se cultiva el café y qué hay dentro de una cereza
Cultivar café no es solo plantar y cosechar: es un proceso largo, delicado y muy dependiente del clima. Para entender por qué un café puede ser tan distinto a otro (en aroma, sabor y textura), conviene empezar por el origen: dónde crece el cafeto, cuánto tarda en producir y qué partes componen la cereza de café.
Dónde se cultiva el café: el “cinturón del café” y la altitud
El café crece principalmente entre los trópicos de Cáncer y Capricornio, una franja conocida como cinturón del café. En estas latitudes se dan temperaturas relativamente estables y un patrón de lluvias que favorece el desarrollo del fruto.
La altitud es otro factor clave: muchas fincas se sitúan, de forma orientativa, entre 200 y 2.000 metros, aunque depende del país, la variedad y el microclima. A mayor altitud suele haber noches más frescas y una maduración más lenta, lo que puede traducirse en perfiles más complejos.
El tiempo del cafeto: paciencia antes de la productividad
Una semilla tarda en convertirse en una planta capaz de dar frutos. En general, hacen falta entre 3 y 5 años para que el cafeto entre en una fase realmente productiva (aunque puede dar algunas cerezas antes).
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Primeros años: crecimiento y formación de la planta.
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A partir de 3 años (aprox.): comienza la producción más estable.
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Vida útil media: alrededor de 15 años, aunque puede variar según manejo agronómico, variedad y condiciones de la finca.
En cuanto al rendimiento, una planta puede producir aproximadamente hasta 900 g de grano verde al año (orientativo), lo que ayuda a entender por qué el café de calidad exige tanto trabajo por kilo.
Cómo es la planta de café: forma, hojas y poda
El cafeto suele tener forma cónica, ramas flexibles y hojas gruesas, brillantes y perennes que pueden rondar los 20 cm. En estado “natural” puede alcanzar alturas considerables (aprox. 8–12 m), pero en cultivo se suele podar para mantenerlo a 2–3 m:
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mejora la productividad,
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facilita la cosecha,
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y ayuda a controlar la salud del árbol.
Floración y maduración: de jazmín a cereza
La floración del café es tan breve como espectacular. Dura apenas unos 3 días, con flores blancas muy perfumadas (a menudo se compara su aroma con el jazmín). Suele aparecer después de las lluvias.
Aquí entra un punto importante: si las lluvias son irregulares, puede haber floraciones escalonadas y, por tanto, cerezas que maduran a diferente ritmo. Eso complica la recolección y exige más precisión en la selección.
Tras la floración, la cereza de café tarda en madurar entre 6 y 12 meses según variedad y condiciones. Pasa de verde a tonos amarillos, anaranjados o rojos, en distintos matices, cuando está lista para cosechar.
Anatomía de la cereza de café: qué se tuesta y qué se retira
La cereza no es “solo” una piel roja: es un fruto con varias capas, y cada una influye (sobre todo durante el procesado del café) en el resultado final.
De fuera hacia dentro:
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Piel exterior (epicarpio): la “cáscara” externa que protege el fruto.
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Pulpa (mesocarpio): capa carnosa.
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Mucílago: capa gelatinosa y pegajosa rica en azúcares (clave en procesos como el lavado, el honey o el natural).
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Pergamino (endocarpio): membrana dura que envuelve las semillas; también se conoce como cáscara o “pergamino”.
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Piel de plata (tegumento): película muy fina adherida al grano.
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Grano de café (endosperma): la semilla; es la parte que finalmente se tuesta y se consume.
Normalmente, una cereza contiene dos granos. El tamaño y forma pueden variar mucho: existen muchas especies y, dentro de cada una, múltiples variedades.
Arábica y robusta: las dos especies más cultivadas
En el mundo del café, las protagonistas suelen ser dos especies:
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Café arábica: muy valorado por su aroma, acidez y complejidad sensorial (según origen y proceso).
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Café robusta: suele destacar por su cuerpo, intensidad y resistencia agronómica.
Conocer la diferencia entre arábica y robusta ayuda a entender por qué cambian el sabor, el olor y la experiencia en taza, incluso antes de hablar de tueste o método de preparación.